SAN FRUTOS FAMILIAR

En un día espléndido, la ermita recibió menos público que otros años.SAN FRUTOS FAMILIAR
San Frutos es como un imán. Una amplia comarca de Segovia está bajo su influjo. Y cada 25 de octubre, los habitantes de esta tierra, por ensalmo, acuden a la ermita del eremita de época visigoda. Aunque el coche es hoy el medio de transporte más utilizado para llegar hasta esa hoz del río Duratón, lo cierto es que cada año son más quienes deciden ir andando hasta allí.
De Burgomillodo —núcleo dependiente de Carrascal del Río— partieron a primera hora de la mañana 93 almas en dirección a la ermita, esperanzadas en alcanzar la gracia de San Frutos y, al tiempo, en que su esfuerzo tuviese como premio la contemplación de bellísimos paisajes. El grupo, muy herogéneo —desde niños de cinco años a octogenarios— alcanzó su objetivo, sin incidentes. Las peregrinaciones al estilo tradicional resurgen, y además con fuerza. Lo acontecido en Carrascal del Río no es un caso excepcional. Ayer, del Valle de Tabladillo partió una pandilla —once personas— hacia la anual romería de las Hoces del Duratón. E igual número se inscribió en Sebúlcor con idéntico fin. En Sepúlveda, la idea de ir caminando hasta San Frutos también parece haber cuajado y ayer cuatro valientes —Nacho, Dorita, Estrella y José Luis— ejercieron de pioneros. Su experiencia fue “fantástica”, prometiendo regresar en 2018.
Sea por devoción o deporte, lo cierto es que ir andando desde el pueblo de cada uno hasta San Frutos se ha puesto de moda...

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El patrón de Segovia regaló a todos los romeros un espléndido día, de sol y calor, si bien impropio para esta época. Como en toda la provincia, en las Hoces del Duratón hace falta que llueva, y la ausencia de precipitaciones acaba teniendo sus consecuencias. “Este año, como apenas ha llovido, hay muy poco perejil en estas peñas; es una pena, porque el de aquí es buenísimo”, lamentaba Gregorio Sanz, de Turégano, entretenido buscando esa planta mientras empezaba la misa, a mediodía.
Como no podía ser de otra manera, la ceremonia se ofició al aire libre. Este año, al caer la festividad de San Frutos entre semana, en miércoles, la afluencia de público fue sensiblemente menor a cuando se celebra en fin de semana, lunes o viernes. Era un San Frutos en familia, donde la inmensa mayoría de los presentes se conocían, por ser de pueblos colindantes o formar parte del selecto grupo de ‘segovianistas’ para los que ir el 25 a la ermita es una obligación ineludible. La misa estuvo presidida por Casimiro Lamparski, el nuevo párroco de Sepúlveda, entre cuyas labores figura hacerse cargo del lugar donde se retiró San Frutos a llevar vida de oración. Acabada la eucaristía, se dio a besar a los fieles la reliquia del santo y, acto seguido, comenzó la procesión, con música de la tierra. Entre jota y jota, la imagen fue avanzando metros, cruzó el famoso ‘puente de la Cuchillada’ y, uno poco más adelante, en las eras, dio la vuelta. Henar de Pablo, la alcaldesa de Carrascal del Río, estuvo en todo momento junto a la talla. Acompañaron a la regidora local el secretario general del PSOE segoviano, José Luis Aceves, y el alcalde de Cantalejo, Máximo San Macario.
Ya en la entrada del templo se produjo la acostumbrada subasta de las andas. Y ya dentro se pujó por colocarlo en su trono. Martín Peña, del Valle de Tabladillo, tuvo el honor de cumplir esa misión.
Llegada la hora del vermú, el personal refrescó la garganta en los chiringuitos situados en la explanada situada entre el aparcamiento y la ermita. Y no pocos se quedaron a comer. Si bien es cierto que a raíz de que se prohibiera hace años hacer fuego allí disminuyó radicalmente el número de quienes comían, la costumbre está volviendo a recuperarse, si bien de otra forma distinta a la de antaño. Ahora, la comida se lleva de casa. Pero, a fin de cuentas, la fiesta se sigue celebrando, que es de lo que se trata.

FUENTE:
EL ADELANTADO.COM
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