EL SANTO EREMITA ATRAE A MILES DE PEREGRINOS AL DURATÓN

Para que la ermita de San Frutos se llene de gente el 25 de octubre se necesita la conjunción de dos requisitos. El primero, que haga buen tiempo. El segundo, que el día del santo eremita caiga en fin de semana. Ayer concurrieron ambos, y el resultado fue un récord de asistencia al paraje más emblemático de las Hoces del río Duratón. Benigno Pérez, un hijo de Carrascal del Río que lleva “toda la vida” cumpliendo con la tradición, aseguraba ayer que había “más almas que nunca”.
Media hora antes de la eucaristía, los aparcamientos estaban ya abarrotados, situación que obligó a sudar a la Guardia Civil, a los agentes medioambientales y al personal del parque natural, en su intento de buscar huecos donde no los había. Por si eran pocos los coches, cada año aumenta el número de vecinos de la comarca que acude andando a la romería. Así, desde Valle de Tabladillo partió temprano una veintena de personas, prestas para recorrer riscos hasta llegar a la ermita románica. De Carrascal del Río fueron más de un centenar a pie, después de haber degustado un chocolate caliente ofrecido por un establecimiento de turismo rural. Y un nutrido grupo de Sebúlcor quiso marchar también desde su pueblo, deambulando por un bellísimo itinerario de algo más dde diez kilómetros que pasa por Molinilla, el Convento de la Hoz y el denominado “barranco de los Castillos”.


Mientras la eucaristía en la explanada situada ante la ermita era presidida por el párroco de Sepúlveda, Slawomir Harasimovicz; a escasos metros de allí se formó una larguísima fila de devotos para dar tres vueltas a la piedra ubicada debajo del altar donde habitualmente mora la imagen de San Frutos, un rito que, según cuentan los mayores, evita hernias y quebraduras. En esta ocasión, lo curioso era la longitud de la cola, que iba desde el mismo altar hasta la entrada de la ermita. Asombroso.
Tras la misa se dio a besar la reliquia de San Frutos y, acto seguido, comenzó la procesión, amenizada por dulzaina y tamboril, que animaron al personal a bailar las jotas de la tierra. Al final, se subastaron las andas del santo y el privilegio de colocar la talla en su trono. Mientras, afuera, algunos se entretenían buscando perejil entre las rocas, aunque este año no es demasiado abundante.
El espléndido día hizo que no pocos grupos decidieran quedarse a comer en el campo, en las cercanías de la ermita. Y allí se pasó una tarde divertida, hasta que empezó a escucharse la velada de Burgomillodo, colofón de la fiesta.

FUENTE:
EL ADELANTADO DE SEGOVIA

Uge, La Web de Sebúlcor

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