TRAMUNTANA EN SEBÚLCOR

Comentario de Jesús Eloy García Polo

El fuerte calor hizo ayer más brillante la celebración de la III Feria de la Cerveza Artesana en Sebúlcor. El ambiente era de una auténtica fiesta más que el de una Feria comercial. Ahí está el secreto de su éxito. Al caer la tarde llegaba el mejor momento de disfrutar algunas de las variadas cervezas que se ofrecían.
Se podía elegir entre 22 marcas cerveceras que habían traído sus barriles desde puntos tan lejanos como Gerona, Murcia, Alicante o Álava y tan cercanos como Madrid, Soria, Valladolid… y por, supuesto, Segovia con su amplio muestrario de marcas artesanas. Precisamente la cerveza Veer de Sebúlcor organizaba la Feria, con mayor repercusión y acierto, año tras año.
Nos ofrecían más de 80 tipos de cervezas diferentes. Nadie podía quedarse sin encontrar su variedad favorita de cerveza. Rubias, turbias, rojas, tostadas y negras… hablando en términos entendibles en castellano. Los eruditos dirían ale, blond, brown, IPA, dark… Las había de cebada o de trigo, dulces, afrutadas o amargas, con chocolate, vainilla o algarrobas… En fin, una gozada para los cerveceros que no nos conformamos con la clásica mahou y esperamos que la vida nos ofrezca algo más.
La organización era perfecta. Se comenzaba comprando un vaso a la entrada a modo de inscripción por dos euros. A partir de ahí todo era pasear, mirar y probar. Como es lógico, no se podía disfrutar muchas… Las más interesantes para mí eran las más desconocidas, para eso se hacen las Ferias, desde los tiempos medievales. La que me dejó completamente seducido fue la que da título al comentario, la Tramuntana, una Brown special de 9 º, de la cervecera Popaire de Girona. Un capricho que los dioses deben beber en los atardeceres mediterráneos.
Para quien crea que hay competencia entre vino y cerveza hay que dejar claro que se puede disfrutar de ambos. La vida, las temperaturas, los espacios y los ambientes abren posibilidades para todo. Parece que la cerveza fue primera y que ya hace 6000 años los primeros agricultores se apretaban unos traguitos al caer de la tarde, en las llanuras de Mesopotamia. Los egipcios la utilizaban como forma de pago para los trabajadores de las pirámides, al igual que los monjes de las Abadías medievales para sus campesinos. Llegaba a representar el 50 % de las calorías diarias. Sería un brebaje espumoso, calentito y muy nutritivo, algo diferente del de ahora. Estos cerveceros procuran mantener la herencia. Que no se pierda y que se enriquezca. Ahora es pura fiesta, en todos los sentidos. Ayer sopló este viento fresco de Tramuntana por los páramos de la Meseta, para que se vayan refrescando la vida y las cabezas mesetarias.
Solo conozco la Feria de Munich por los tópicos vídeos de alemanes, apalancados y borrachos cantando a gritos … Sebúlcor ayer era muy diferente. Era una fiesta casi con sentido familiar, con música diversa, con comida vegetariana y tranquilidad total… nadie desafinó, ni se salió de la partitura. Y se bebía…¡ya lo creo que se bebía! Toda una lección para que los teutones aprendan a beber y a disfrutar de la vida, que falta les hace.


FUENTE:
CUELLAR7.COM
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