VISITA SOCIALISTA A SEBÚLCOR... EN 1931

 
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Segovia Republicana
Año I Número 149 - 23 Octubre 1931

EL CACIQUISMO EN QUIEBRA
Como se forja un partido

Sebúlcor
Apenas si hemos vuelto la mirada tres veces cuando llegamos a este pueblo. Sebúlcor, como toda esta faja de pueblos de pinares no muestran de momento esa visión tétrica de desamparo y miseria que encontramos en los pueblecillos que forman la faja opuesta en el partido. No muestra su caserío grandes irregularidades. Destácase del conjunto armónico una magnífica casa Ayuntamiento, con escuelas magníficas y dependencias anejas, y la iglesia. Pero la iglesia de este pueblo parece estar vencida por el Ayuntamiento. Nos da una sensación de inferioridad, de decaimiento.
Y en Sebúlcor vivimos como en todos los pueblos unas horas de odisea grotesca. Se habla de permiso. El alcalde es todo temblor. Se llama a otras autoridades y no acuden a la invitación. Se cierran algunas puertas.

¡Han llegado los radicales socialistas!
Esto oímos decir.
Han llegado si, y aquí estamos para demostrar quienes somos los radicales socialistas y quienes son la carroña explotadora y déspota que hemos padecido. Aquí estamos si, para deciros algo de lo que fue España y algo de lo que va a ser. Aquí estamos si, para poneros al frente de una obra que el deber nos impone.

¡Magnífico balcón!
Magnífico, en verdad, es el de la casa consistorial, pero renunciamos a su uso, recordando la moraleja de la fábula, exactamente igual que la zorra renunciaba a la verde uva.
Dejaríamos a ustedes; pero...- nos dice el alcalde.
No. No faltaría más- nos apresuramos a decir. Y es allí ante la puerta cerrada de la casona de la justicia local donde se levantan unas voces que aspiran a sembrar inquietud espiritual y anhelos de reivindicaciones justas.
Frente al sol de Castilla que tuesta y curte los rostros no avezados a enfrentarse con su pujante gallardía, ante su tajante llamarada, evocamos los días de bárbaro trabajo en la recolección. La constante faena detrás de la mancera y la esteva (1). El diario retorno cuando se canta tal vez por no... jurar.
Y todo ¿para qué?
Ay de vosotros si el accidente os imposibilita para el trabajo. Ay si el paro forzoso se cierne sobre vuestros hogares. Todos podéis imaginaros el éxodo, el caminar silente entre sollozos por los caminos ásperos de Castilla, llevando a hombros la carga pesada de la tragedia que supone desgracia. No sirve entonces querer trabajar... La bandera radical socialista tenía en su programa -en su casi totalidad incorporado a la Constitución-, como remedio a este mal la nacionalización del seguro en sus aspectos múltiples para acabar con el estado de abandono en el que os tuvo una monarquía imperialista, enemiga del pueblo. Una monarquía que no se preocupó más que de tener un Ejercito, y no porque le quisiera, sino para que fuera su servidor incondicional.
Van los oradores sembrando a boleo estas semillas santas de redención. Suenan bien ya en Castilla, en estos pequeños pueblecillos castellanos las voces de alerta de la avanzada del republicanismo. Encuentran un eco vigoroso y potente.
Y según se van exponiendo problemas fundamentales: como el de la enseñanza, sanidad y agrario, van cambiando el rostro las autoridades que al principio nos recibían con cierto rumor. Cortan ya muy a menudo los discursos y vitorean a los propagandistas, acabando por abrazarles.

Perdonen, pero nos habían dicho...
Lo sabemos. No tienen nada que decir. Se encargan de pintarnos con la lata incendiaria y con la tea revolucionaria. Pero se engañaron. Son ellos, los cavernarios, quienes pretenden llevar a España a una guerra civil. Nuestro bagaje es nuestra lealtad y nuestra consecuencia en la causa republicana. Nuestra obra es algo muy superior a la obra de los ganapanes que, impotentes para luchar y crear un estado de conciencia, pretenden usurparnos nuestra labor.

El cura
Detrás de una esquina cuatro o cinco veces vemos la cabeza del párroco que se asoma a ver si hay gente o no que nos escuche. Como está casi todo el pueblo no parece que le agrada esta expansión. Cuando se asoma es cuando más se ataca. Por fin se va. Parécenos escuchar unos murmullos en latín.

Convite de despedida
El pueblo nos sigue. Sebúlcor ha comprendido nuestra labor y nuestras palabras. Sebúlcor es un pueblo que se acaba de poner en pie. Todos, aunadas por la razón sus voluntades, nos acompañan y nos invitan. Califican como se merecen a quienes se dedicaron a ir injuriando a las personas, impotentes para exponer ideas. Vive este pueblo con nosotros un día de resurrección.
Nos vamos. Se cruzan nuestras manos en saludos infinitos y sin saber por qué nos marchamos de Sebúlcor, como si hubiéramos dejado allí algo que tira de nosotros.
Pronto volveremos. Ahora, en este momento, nos están esperando en Fuenterrebollo.

Antonio Linage



(1) Una mancera, también conocida como esteva, es una pieza de madera colocada en la parte trasera del arado, sobre la cual lleva la mano la persona que ara sirviéndole de guía, para así dirigir la reja y apretarla
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