RECORDANDO A MANOLO MATESANZ

En agosto del año 2003, publicamos el La Web de Sebúlcor un texto que nos hizo llegar Manolo Matesanz, que en paz descanse, titulado "Historia de las Hoces del Duratón" en el que nos explicaba sus conocimientos de esta zona de Sebúlcor, de sus molinos, sus fuentes, sus cuevas y muchos otros detalles de interés. Este escrito de Manolo Matesanz creo que es muy útil para todos nosotros por muchos motivos y como se encontraba perdido en el fondo de la web, me ha parecido adecuado sacarlo de nuevo a la luz y hacer un pequeño homenaje a su autor y los conocimientos que atesoraba sobre Sebúlcor.

manolomatesanz

Historia de las Hoces del Duratón:

Historia de las Hoces del Duratón, correspondiente a lo que comprende al término municipal de Sebúlcor, desde el Villar de Sobrepeña hasta el embalse del Burguillo.
Empezando desde el Km. 10, que limita con el Villar en el sitio de Las Ventosillas, comprendiendo la parte izquierda del cauce del río para abajo, nos encontramos con el vertiente de La Mata, que abarca parte del coto de Negueruela, propiedad de los herederos de Don Servando de Cantalejo. En la parte derecha del río San Juan, afluente del Duratón (río que nace en la sierra de Guadarrama y pasa por Castroserna de Arriba y de Abajo, Aldealcorvo y llega a las fuentes de San Juan, que son unos manantiales extraordinarios en cantidad y en calidad del agua, y que surten a los pueblos de Cantalejo, Aldeonsancho y Fuenterrebollo, con sobrante para que el caudal de agua llegue al molino de San Miguel de Neguera o del Barrio). El Barrio es un pueblo ya abandonado donde vivían las familias Molineras de Cayetano Casado, y las Hortelanas Santos Arranz y Eugenio Arranz, que cultivaban la huerta de donde se cosechaban los mejores pimientos morrones de toda la comarca.

El río San Juan sigue para abajo por Negueruela hasta el Pico del Encuentro, frente al Covacho, donde desemboca. A la derecha del Duratón, unos 100 metros más arriba, se encuentra la Cueva de los Siete Altares, con pinturas rupestres y varios detalles de la antigua civilización.
Siguiendo para abajo, a pocos metros de la desembocadura del afluente San Juan, se encuentra Casa Blanca donde antiguamente había un molino y existe la pared de la casa donde habitaban y la cueva donde tenían las cuadras de los borricos con los que transportaban los costales del grano que molían para hacer el pan (al dueño le llamaban el Tío Dieciocho, porque llevaba 18 burras para la faena de carga).
Siguiendo río abajo llegamos al Callejón, una vertiente hasta el río que en tiempos de lluvia arrastra piedras enormes hasta el río. Y un poco más abajo, a unos 300 metros, podemos ver la desembocadura del arroyo de Sebúlcor, el cual, pocas veces lleva agua ya que en un sitio llamado La Entradera donde es todo arena se filtra el agua. Pero se dice que luego brota en las Fuentes del Palanquillo.
Pasado esto, llegamos a Molinilla, donde existía otro molino de las características del anterior. El transporte se hacía de la misma forma, ya que los carros no podían acceder al molino. Al dueño de esto le llamaban el Tío Catorce porque tenía 14 burros. Varias veces, al encontrarse el Tío Dieciocho con el Tío Catorce en el camino de los arrieros, que era una senda en la que casi no se cabía, decía el de Molinilla: “¡Apártate que van 14!”, y el otro contestaba: “¡Apártate tú que van 18!” y discutían varias veces por esa causa. Este molino también desapareció por el año 1920. Lo compró don Fausto de Miguel de Cabezuela e hizo una central eléctrica que empezó a funcionar y a dar servicio a estos pueblos en el año 1926 (anteriormente, por la noche se alumbraban con candelas de aceite y teas de los pinos de resina, característicos de esta zona). Esta central ya fracasó en los años 50, cuando subieron la pared de la Presa del Burguillo unos 10 metros sobre la altura anterior. Se abandonó porque el embalse lo inundaba todo y la familia Chocolate (así les llamaban) tuvo que emigrar.
Siguiendo nuestro camino llegamos a la Calleja, donde en el lado de Villaseca existen ruinas de una iglesia, y al otro lado está la Cueva del Peaje, donde se recaudaban los impuestos por cruzar el río a todos los arrieros que iban a Villaseca y demás pueblos de la zona. A unos 500 metros está la Cueva de Cuajaries, que servía para encerrar las ovejas y cuidarlas en el invierno. Más adelante están las fuentes del Covacho, en la majada de los conejos, que tienen unos manantiales en los que se ve brotar el agua a borbotones.
Llegamos al Vallejo Ancho, donde se encuentra la Cueva Cuadrada y a la cual sólo se puede acceder atado descolgándose por una pared. Después está Cueva Rota, con forma de puente y donde se atendían los partos de las ovejas y de donde no podían salir. Al lado de esta cueva está la calera, un horno de hacer cal que usaban los frailes de San Benito. Fue utilizado para construir el Convento y bajaban la cal y la arena de las Carrascadas, y la leña del monte y de las viñas por el Portillo de Pedraza, que era por donde únicamente se podía acceder.
Del Convento sólo quedan las ruinas, y el Altar de San Benito se llevó a Sebúlcor, donde se encuentra en perfecto estado en la iglesia. Pero los escudos tallados en piedra han desaparecido, sólo queda uno en la plaza de Cabezuela como monumento. Las bodegas donde guardaban el vino y los comestibles permanecen también pero en muy malas condiciones.
En la casa que hay detrás, que perteneció a don Paco Arroyo de Sepúlveda y donde pasaba los veranos, trabajaba mi tío Dionisio Rodrigo en el año 1880. En una pared de esta casa existe una piedra con la inscripción de la visita de los Reyes Católicos al Convento de San Benito de la Hoz.
En el lugar donde se encuentra este Convento es donde está la verdadera hoz que hace el río Duratón. Desde el pico que se encuentra enfrente de esta hoz, y que pertenece a Villaseca, se puede ver la mayor reserva de buitres de España. A su lado se encuentra la Cueva de la Virgen a una altura de más de 150 metros.
Siguiendo el curso del río se encuentran las peñas de la Nevera, que son las de mayor altura de todo el río y, a continuación vemos el Portillo de las Tres Cruces, lugar donde se cruzan tres términos: el de Carrascal del Río, el de Fuenterrebollo y el de Sebúlcor.
Frente a la Nevera, en el centro del río y cubierto por las aguas, está el Canto del Queso, que es una piedra redonda de unos cuatro metros de diámetro por tres de altura, y un poco más abajo se encuentra la llamada Cama de la Virgen, otra piedra de seis metros de largo por tres de ancho y dos de altura. Todo esto se ve cuando baja el nivel de las aguas.
Ya en el término de Carrascal, pasado el Portillo está la Cueva del Pez, ya cubierta. En este lugar, hace unos 40 años, un señor llamado Leoncio Mañas fue a por piedra para hacer cal, y cargó tanto que la pareja de machos no pudo con la carga y cayó al río.
Más adelante, a unos 800 metros de este lugar, están las ruinas de El Batán, una presa donde todos los tejedores iban a batanar las telas que tejían (lino y cáñamo), y entre los cuales se encontraba mi tío Sebastián Serna. Seguimos 1 Km. y nos encontramos con la Ermita de San Frutos, a la cual se le atribuye el milagro de curar el dolor de muelas si se da una vuelta a su alrededor (se quita el dolor ya que cae directamente al río desde una gran altura). Se le atribuye también el milagro de curar a los niños con hernia inguinal con el aceite de una lámpara. Se cuenta que San Frutos está enterrado en la iglesia de Sebúlcor.
Terminamos el recorrido por las Hoces del Duratón cuando llegamos a la presa del pantano del Burguillo donde se encuentra la central eléctrica.


Texto de:
MANUEL MATESANZ
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