LA SENDA DE LA MOLINILLA (SEGOVIA)

Hace algunos días alguien compartió esta entrada en Facebook, sobre la Senda de La Molinilla, me pareció que estaba muy bien realizada además de aportar buenas fotografías. El autor de la entrada es Javier Prieto Gallego, escritor, periodista y fotógrafo independiente, colaborador habitual del periódico El Norte de Castilla, cuyos trabajos han aparecido en revistas como Interviú o en dominicales como El Magazine del periódico El Mundo o el suplemento El Viajero de El País.



Chopos y cuevas sagradas en un paseo junto al Duratón

Arranca este paseo tranquilo deambulando entre las ruinas del despoblado de San Miguel de Neguera, cuatro paredes mal sujetas de las que en pocas décadas ya no quedará ni el recuerdo de su nombre. Y eso que las ruinas se hallan al borde de la carretera que une Sebúlcor con Villaseca y de las cuatro paredes una pertenece al palacio de Diego González de Sepúlveda, regidor de la villa de Sepúlveda en el siglo XVI, tal como explica un cartel inesperado frente a la fachada achacosa. San Miguel fue un pueblo antiguo cuyos orígenes se relacionan con otros núcleos de población visigodos y villas romanas de cuya existencia quedan rastros en toda esta zona aledaña a las hoces del Duratón. Su nombre aparece en el documento de donación que hace el rey Alfonso VI el Bravo del Priorato de San Frutos al monasterio de Silos. Y de nuevo aparece en los pergaminos cuando el 17 de octubre de 1.526 se funda en el lugar el mayorazgo de El Barrio, topónimo que perdurará hasta el momento actual. En el siglo XVII El Barrio pasa a formar parte del ayuntamiento de Sebúlcor, con seis vecinos, para quedar despoblada a lo largo del siglo XIX. El elemento más destacado de la fachada, que aunque aparatosamente sujeta con vigas de hierro parece herida de muerte, es el ventanal geminado de arcos lobulados sobre el que luce el escudo de los González de Sepúlveda.
El paseo avanza desde aquí hacia la carretera en busca de las inminentes hoces que el río Duratón desmadeja entre el pantano de Burgomillodo y la citada Sepúlveda. Tras un corto tramo de asfalto –1,5 km-, en el que la carretera y el río San Juan corren en paralelo y apretados por una barranca, ambos desembocan en el río Duratón a la altura del puente Villaseca, una de las vías de entrada o salida habituales para quienes transitan a pie por el interior de las hoces hacia Sepúlveda.
Antes de continuar el paseo hacia la presa de La Molinilla, punto final de este trayecto, merece la pena el breve desvío aguas arriba que lleva, en unos 300 metros, desde la base del puente hasta las escalerillas que llevan a la Cueva de los Siete Altares, uno de los rincones sagrados más relevantes y ancestrales del cañón. Aunque cerrada por una verja antivándalos, es posible distinguir desde la puerta los principales elementos de esta auténtica iglesia rupestre de época visigoda, en torno al siglo VII d.C., muy probablemente utilizada por los ermitaños que tuvieron en las numerosas oquedades abiertas a lo largo del cañón sus refugios de vida y oración. No hay que olvidar que entre aquella comunidad ermitaña se encontraron los santos Frutos, Valentín y Engracia sobre cuya tradición acabó por erigirse el priorato de San Frutos en el meandro más espectacular del cañón.

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Uge eugeniochg

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