DE LOS CÁRPATOS A SEGOVIA

Las mujeres polacas y rumanas suplen la mano de obra y animan la vida de varios pueblos de la provincia

El final del verano había devuelto la tranquilidad y la monotonía del otoño al pueblo de San Pedro de Gaíllos. Pero un grupo de 70 mujeres polacas y rumanas ha alterado el ambiente y ha hecho desaparecer la tristeza otoñal, devolviendo el ambiente, sólo comparable con las últimas fiestas patronales.
La llegada de las nuevas caras extranjeras ha provocado un efecto que alcanza incluso a los pueblos cercanos, muchos de cuyos residentes acuden los fines de semana a este municipio de 300 habitantes, que se ha convertido en polo de atracción, gracias a los vecinos y vecinas que "se han integrado perfectamente", según el alcalde del pueblo. Y es que la temporada de la fresa, que en los meses de octubre y noviembre emplea a más de 2.000 personas en toda la provincia, ha hecho que muchos municipios segovianos acojan a temporeros dedicados a la selección de plantas de fresa, un cultivo moderno que ha de realizase en esta época, que no supera el mes de duración.
Cantalejo, Carbonero el Mayor o Navalmanzano son algunos de los pueblos de donde estos días salen miles de pequeñas plantas de fresa con destino a Huelva y a otras regiones de Marruecos, Portugal, Italia o Grecia, donde en la próxima primavera nacerán los fresones con los que se pone punto y final al cultivo.
En el interior de las naves donde se desarrolla la campaña se juntan estos días más de 200 personas. Hasta ellas se transportan las plantas que han germinado durante los últimos meses en los arenales segovianos y que han multiplicado por 35 o 40 cada una de las plantas originales. Una vez separadas en manojos de 25 pequeños tallos, se colocan en cajas y se envían a los lugares de destino en grandes camiones tras pasar doce horas en cámaras de refrigeración a 3 o 4 grados centígrados de temperatura.

Trabajo manual
"Es una labor que sólo puede hacerse de forma manual y por eso necesitamos tanta mano de obra", explica Pascual Hernández, uno de los empresarios viveristas que, aunque de origen valenciano, decidió instalarse en Segovia para dedicarse a esta actividad. Él representa a una de las doce empresas de la provincia agrupadas en Vifase (Viveristas de Fresa de Segovia), y que reúnen cerca de medio centenar de hectáreas dedicadas a este cultivo.

Los temporeros trabajan ocho horas diarias, la mayoría a destajo, de modo que cobran en función del número de cajas producidas y en las que se colocan 500 plantas. La destreza a la hora de formar manojos es fundamental para ganar más o menos. "Las más hábiles son las mujeres, tanto las españolas como las extranjeras", explica Luis Martín, presidente de Vifase y que cuenta con un vivero en Mudrián. Y como en años anteriores, la falta de mano de obra supone una de las dificultades para llevar a cabo este trabajo, que previsiblemente finalizará el 31 de octubre próximo.
Por eso, Vifase y ha debido buscar temporeros en el extranjero. "El 70 por ciento de los trabajadores son inmigrantes que están contratados en origen", aclara con cierta vehemencia Luis Martín. "Hay unas 1.600 personas en toda la región, la mayoría polacos y rumanos", que en una gran parte, más del 80%, son mujeres.

Difícil alojamiento
La falta de infraestructuras del medio rural también se suma a las dificultades que ya tiene la provincia segoviana y por ello los empresarios han de buscar alojamiento a los trabajadores con bastante antelación. Algunos viveristas, como los de Mudrián, han alquilado viviendas prefabricadas o han construido pequeñas casas en sus fincas para que puedan habitar en ellas los temporeros.
En otros casos han conseguido localizan casas en alquiler u hospedajes. Es el caso de San Pedro de Gaíllos, donde el Ayuntamiento cuenta con un albergue juvenil en cuyo interior se habla sólo polaco. En sus dependencias residen 60 mujeres que nunca antes habían estado en España y que no conocen el castellano. Del interior del inmueble, situado en el centro del pueblo, salen a las 8 de la mañana para tomar el autobús que llega a la plaza del pueblo para recogerlas. Cada día las traslada a las explotaciones de fresa de Sebúlcor o Cantalejo, a unos 20 kilómetros de distancia. Terminada la jornada regresan al albergue, sobre las siete de la tarde.
Es todo un espectáculo ver a un grupo tan grande de jóvenes rubias, altas y con ojos azules, descender del autocar. "Algunos esperamos a que vengan, porque no se ven mujeres tan guapas todos los días", reconoce irónica un anciano que descansa sus manos sobre la garrota en un banco en la plaza del pueblo. "Cuando salen por la noche, la animación que recupera el pueblo es impresionante", asegura el alcalde de San Pedro de Gaíllos, Juan Carlos Montero (PP). "Las chicas se han enrollado bien con la gente del pueblo y al ser la mayoría jóvenes, resultan muy agradables, aunque apenas hablan castellano", añade.
El ajetreo que ha recobrado el bar ha hecho que el único bar de copas del pueblo, 'El Refugio', haya adelantado su apertura del fin de semana al jueves, cuando salen para reunirse las jóvenes del este, aunque ya antes acuden los jóvenes de la comarca. "Algunas han logrado cierta confianza con la gente; no sé cómo se entienden, pero creo que los primeros que han facilitado el contacto han sido los búlgaros que trabajaban ya antes aquí porque creo que todos ellos estudiaban ruso", agrega el regidor. Incluso existen rumores de que se puedan formar algunas parejas.

Incierto futuro
Desde la atalaya que le supone al alcalde su trabajo en la hostelería, se permite avanzar: "Creo que hay alguna pareja ya; pero cuando se vayan se fastidiará todo", añade con pesadumbre. En todo caso vuelve su sentido optimista y matiza que algunas de las mujeres han expresado su deseo de quedarse a vivir en España. Las condiciones son más propicias que en temporadas anteriores, donde los temporeros rumanos eran la mayoría. "Salían poco y se reunían entre ellos", recuerda.
La integración no resulta tan fuerte en otros puntos de la provincia como San Martín y Mudrián, donde trabaja otro centenar de inmigrantes procedentes de Bulgaria y Polonia, también con mayoría femenina. Allí viven en las casas prefabricadas dentro de las explotaciones, situadas a las afueras del pueblo. Desi Arranz Fuentetaja, el dueño del bar Moisés, afirma: "Se nota su presencia pero sólo vienen a llamar por teléfono, a comprar tabaco y a comprar algo de vodka", explica mientras atiende a una familia de temporeros españoles, procedente de Valladolid.
La campaña de la fresa finalizará cuando acabe el mes, antes que el año pasado porque el mercado exige cada vez las plantas más tempranas, a pesar de su menor calidad y una resistencia más baja que si germinan más tiempo. "Pero como el valor del fruto de fresa es más alto cuanto antes salga, nos exigen rapidez", relatan los empresarios; una rapidez que no desearán muchos de los jóvenes que han conseguido intimar con las nuevas inmigrantes y a quienes les resultará más fácil encontrar la similitud entre el símbolo del amor y el fruto de la planta que estos días han cultivado.

FUENTE:
EL ADELANTADO DE SEGOVIA
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Uge

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