NUESTRA HISTORIA

El nombre original de nuestro pueblo era El Sepulcro, ya citado en el año 1.247 en la distribución de patrimonios de Segovia. Desde el año 1.587 ya se nombra como en la actualidad, aunque entre los siglos XV y XIX aparece escrito a veces como Seburcol o Seburcor.
Sebúlcor es un toponímio romano derivado de la palabra latina sepulcrum (cuyo significado es sepulcro, sepultura). De la raíz indoeuropea "sep", honrar.
Sebúlcor ha sido, desde antiguo, lugar de importantes descubrimientos arqueológicos.
En esta sección queremos dejar constancia de lo que ha sido el paso del tiempo para nuestro pueblo, abarcaremos desde el Neolítico hasta la actualidad.

El Neolítico
El Neolítico ha estado tradicionalmente asociado a los orígenes de la agricultura, a la vida sedentaria y al uso de la cerámica y de instrumentos de piedra pulimentada. Sus inicios se centran en el VII milenio en el Oriente Próximo y tiene su fin en el II milenio en Europa septentrional dependiendo del comienzo de la utilización del cobre.

En el neolítico se produjo la aparición de los primeros poblados con casas edificadas con diferentes materiales. La cerámica, producto del desarrollo natural de pueblos sedentarios, fue ampliamente utilizada. El cultivo de cereal y la domesticación de animales, como vacas, ovejas, cabras y cerdos, fueron resultado no de un brillante descubrimiento, sino de la necesidad causada por la presión demográfica. La minería también hizo su aparición en el neolítico.
La cueva de "La Nogaleda" es el único yacimiento Neolítico conocido hasta la fecha en el Cañón del Duratón. Aunque perteneciente al término municipal de Villaseca la incluyo aquí porque considero que al estar justo donde se unen los términos de Sebúlcor y Villaseca los límites territoriales actuales se diluyen mirando tan atrás en el tiempo. Esta situada a poca distancia, aguas arriba, de la hoz en que se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, pero en la margen opuesta. La cueva se abre en medio de la pared del barranco, a considerable altura. El único camino que lleva a la cueva es muy peligroso y no sabemos si de siempre fue así o se ha deteriorado con el tiempo. Este complicadísimo acceso y el que la cueva tenga, al parecer, un carácter funerario, hacen suponer que cuando se fuera a practicar un enterramiento se accediese a la cueva descolgándose desde la parte superior de la pared. Por este mismo procedimiento bajarían los cadáveres. En efecto, "La Nogaleda" es un yacimiento de carácter funerario, correspondiente al Neolítico, como parece indicar el fragmento de calota humana encontrado, si bien, según Molinero (1950), la cueva seguiría ocupándose con posterioridad (soles pintados en el techo y cerámica incisa anterior al Vaso Campaniforme). El acceso obliga a pensar que, de confirmarse posteriores ocupaciones, no debía ser un sitio demasiado frecuentado, sino de acceso limitado y ocasional. Bien podría ser un santuario.



También las excavaciones realizadas por Municio confirman estas sucesivas ocupaciones, que unidas a la ausencia de estratigrafía, dificultan el perfecto encuadre cronológico y cultural de este yacimiento.
Con anterioridad a la excavación del yacimiento, el propio Municio y Ruiz-Gálvez (1986) estudiaron una serie de materiales depositados en los fondos del Museo Arqueológico Nacional y procedentes de "La Nogaleda". El estudio de los materiales cerámicos les llevó a determinar que las formas y decoraciones del conjunto permiten situarlo en el Neolítico interior de la Península. El paralelo más cercano de este yacimiento es la cueva de "La Vaquera", tanto por proximidad geográfica como por semejanza de sus materiales.
Esto es importante, puesto que como las excavaciones realizadas en 1986 no proporcionaron una estratigrafía definida, el estudio de sus cerámicas debe realizarse por comparación con la de otros conjuntos. Así, comparando estas cerámicas con las de "La Vaquera", se observa que no difieren ni en sus formas ni en su decoración. En cuanto a las formas, continúan apareciendo las típicas globulares («botellas» o «garrafas») de raíces andaluzas, los recipientes de paredes rectas y los cuencos semiesféricos. En la decoración está presente la técnica incisa en dos modalidades:
-Incisión profunda (acanaladuras)
-Incisión superficial


También aparece en "La Nogaleda" la técnica de punto en raya. En porcentaje son superiores las cerámicas decoradas a las lisas. Si bien en las cerámicas lisas aparecen unos bordes de labio ligeramente indicado, que sirven para definir este Neolítico Final interior.
Entre las temáticas decorativas destacan las series de incisiones paralelas, y los motivos plásticos con impresiones e incisiones. También aparece el tipo de Almagra/aguada característico de estas cuevas meseteñas y el «borde dentado» que nos llevan de nuevo al Neolítico Final.
Esto es, en resumen, lo que se puede decir en cuanto a material cerámico se refiere. En lo concerniente a industria lítica fueron estudiadas por L. Municio (1988) algunas piezas de Sílex halladas en los almacenes del Museo Arqueológico Nacional.
En el conjunto predominan las láminas sobre las lascas. En cuanto a utillaje microlítico sólo aparece recogido un segmento de círculo con retoque abrupto.


La edad del Bronce
La Edad de los Metales se inicia con el Calcolítico. El paso a la Edad del Bronce se produce cuando aparece la aleación del cobre y el estaño. En la Edad del Bronce surgirán las primeras civilizaciones.Es en este periodo cuando la metalurgia adquiere su verdadero sentido con el empleo extendido de la fundición. Gracias a esta técnica, la pieza fabricada deja de estar limitada en su forma y tamaño, como ocurriría con la piedra, el hueso y la madera. El diseño de la pieza se consigue mediante la fabricación de un molde de arcilla. La fundición permite, además, la aleación de distintos metales. La aleación más antigua es el bronce, más duro y resistente que el cobre y con un punto de fusión más bajo.
Todos los adelantos que se venían produciendo en el Calcolítico, unidos a los de este periodo, hacen que se produzca ahora una acentuada especialización laboral. Aparecen los «especialistas a tiempo completo», que serán los artesanos del metal y los comerciantes, quienes a cambio de su trabajo son mantenidos por el resto de la sociedad.


El poder político y económico se centra en determinados estamentos, generalmente en manos de guerreros y sacerdotes. Por esto, en estas primeras ciudades la vida se concentra en torno al Palacio o el Templo. El resto de la población se especializa en sus respectivas actividades. Esta nueva y compleja situación necesita la aparición de un aparato administrativo, que ha de verse apoyado en la creación de la escritura y en los primeros sistemas de pesos y medidas.
Los restos encontrados en Sebúlcor, de esta época, son todos de arte rupestre. La mayor densidad de frisos pintados se encuentra en los escarpes más encajados de la zona del Cañón. Existe una clara tendencia a situar los grupos de pinturas en lugares «especiales» de la roca –oquedades, pliegues, recovecos, etc.- llegando en algunos casos a incorporar el artista estos accidentes como parte integrante de los dibujos. Estas estaciones rupestres destacan por estar situadas en lugares visibles y espectaculares y, en algunos casos, de muy difícil acceso.


La Época Romana
El comienzo de la romanización de la península ibérica data del año 218 a.C., cuando las legiones romanas de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias, en la costa catalana, para enfrentarse con sus enemigos cartagineses, ocupantes de las zonas costeras y de parte del interior. En una primera fase se procedió a la conquista militar —de la zona cartaginesa hasta el 206 a.C., de la zona interior durante el siglo II a.C. y del resto en el siglo I a.C.—, no exenta de dificultades debido al valor y ansia de independencia de los indígenas, con continuas rebeliones. En una segunda, iniciada cuando aún gran parte de lo que será Hispania no había sido conquistada, se procedió a una asimilación cultural del territorio. Una de las consecuencias del prestigio de Roma y de lo romano será la aspiración a la ciudadanía, conseguida a duras penas por los indígenas a base de dinero o en premio a su fidelidad. La política colonizadora de Julio César y de Augusto en el siglo I a.C. fue el impulso definitivo a esta labor, iniciada tímidamente dos siglos atrás con la llegada de soldados y comerciantes, suponiendo ahora no sólo el asentamiento de veteranos de las legiones —emparejados con las mujeres indígenas— sino también nuevas remesas desde la propia Italia, en busca de nuevas tierras y mejores condiciones de vida. El clima de paz y la lejanía de los frentes bélicos contribuyó decisivamente a la mejora de la economía y, con ello, a la aceptación definitiva de Roma.
Entre los posibles y los confirmados, siete son los puntos del Cañón del Duratón que denotan la presencia de Roma. No deja de ser curioso este número si Septempublica (originario nombre de Sepúlveda) es nombre romano y se interpreta como nombre genérico de siete pueblos comarcanos.
A continuación hablaremos del asentamiento romano descubierto en el término de nuestro pueblo.
Cerca del pueblo abandonado de San Miguel de Neguera (Sebúlcor), muy próximo a la confluencia de los ríos San Juan y Duratón, existe un suave cerro que domina, al Oeste y al Norte, una gran extensión de campos de cultivo. Al Este y al Sur del cerro discurre el valle del río San Juan. Sobre este cerro, en la superficie, es posible observar fragmentos, relativamente numerosos, de «terra sigillata», además de cerámica común o «de cocina». Junto a ellos aparecen ladrillos de sección rectangular y macizos, restos de tejas y algunos trozos de estuco pintado.
Ni la extensión del asentamiento ni el número de restos visibles permiten, ni remotamente, la comparación, en cuanto a su entidad, con el yacimiento de Duratón, cabeza administrativa de la región (en época romana).
Por tanto, estamos ante un lugar de importancia secundaria, una villa rural, quizá dedicada a la explotación de los recursos naturales de su entorno, que ofrecen excelentes condiciones para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.


Los escasos restos observados hasta el momento no permiten un acercamiento a la cronología del asentamiento romano del «Cerro del Castillejo», como lo denominó Molinero (1955). Hay claros paralelos en la elección de este lugar y la de Duratón, salvando, por supuesto, las diferencias de escala. Ambos se establecen sobre suaves cerros, próximos a la confluencia de dos ríos, desde donde se dominan extensas áreas de buenas tierras para la explotación agrícola.
Una de las consecuencias de la romanización fue la creación de una red viaria que unía las principales ciudades de Hispania, las calzadas. En un principio fueron diseñadas para fines militares y políticos: mantener un control efectivo de las zonas incorporadas al Imperio era el principal objetivo de su construcción. El desarrollo de la red de calzadas se produjo al mismo tiempo que el crecimiento del Imperio. Una vez construidas, las calzadas adquirieron importancia económica, pues al unir distintas regiones, facilitaban el comercio y las comunicaciones. Se usaron piedras de distintos tamaños para construir unas calzadas sólidas: las piedras grandes se colocaban en la base y sobre éstas se establecía una capa de piedras más reducidas. En algunos casos, normalmente en las rutas más importantes, sobre estos cimientos se colocaba un firme de adoquines. Las calzadas tenían sistemas eficaces de desagüe, logrado mediante la construcción de una curvatura en las orillas. Generalmente se construían en línea recta, tomando la ruta más directa allí donde era posible. Cuando las montañas no lo permitían, los ingenieros construían complicados sistemas de circunvalación.
Según varios estudiosos de la materia (Abasolo, Taracena, Linaje, Zamora) por Sebúlcor pasaría una de estas vías (de segundo orden) que uniría Duratón y Sepúlveda bien con Segovia o con Coca.
Es apropiado repetir aquí que Sebúlcor es un toponímio romano derivado de la palabra latina sepulcrum.
Junto al puente viejo que hay sobre el río San Juan en San Miguel de Neguera (Sebúlcor) existe un tramo de camino adoquinado que muy bien podría pertenecer a una antigua calzada romana dado que muy cerca de aquí se encuentran los restos del asentamiento romano.


La Época Visigoda
Los visigodos eran un pueblo germánico del grupo de los godos. Su presencia en Hispania data del año 416, cuando, como federados de Roma, acudieron para combatir a los suevos, vándalos y alanos, que se habían asentado en diversas regiones del territorio peninsular. Tras esta intervención, firmaron un acuerdo con Roma y se establecieron en el sur de las Galias, donde crearon el reino de Tolosa (en Toulouse). Más tarde regresaron a la Península con funciones de carácter militar iniciándose su asentamiento en estas tierras. Pero la afluencia masiva de visigodos hacia la Península se produjo después de la derrota sufrida frente a los francos en la batalla de Vouillé (507). Existe unanimidad entre los diversos autores que estudian el tema al afirmar que el asentamiento de la gran masa popular visigoda se produce en una región que tiene como centro la provincia de Segovia. Esta afirmación se basa en el análisis de las necrópolis con materiales del arte industrial visigodo de los siglos V y VI. Los ajuares de las tumbas de estas necrópolis se componen fundamentalmente de adornos personales: fíbulas, broches de cinturón, brazaletes, anillos... En la provincia de Segovia, donde se hace más densa la agrupación de estas necrópolis, tenemos numerosos ejemplos conocidos desde los primeros momentos de la investigación arqueológica visigoda. Sobre el número de visigodos que se asentaron en la Península existe un general acuerdo en cuanto a que el nuevo aporte étnico es muy pequeño respecto a la población hispanorromana. Las discrepancias surgen al precisar la cantidad. En 1945, Reinhart afirma que entre ochenta mil y cien mil visigodos se asentaron en la Península Ibérica. Argumenta que el número no pudo ser mayor debido a que una considerable parte de los campesinos godos prefirieron permanecer en tierras galas bajo dominio franco. Además, fue necesario que otro grupo permaneciese en la Narbonense por motivos de seguridad.
Mucho más recientemente, Orlandis (1987) se inclina por una cifra aproximada a los doscientos mil individuos, reduciendo al mínimo el número de campesinos que permanecieron bajo dominio franco. Esta cifra incluiría a los individuos establecidos en la Narbonense. En total, el nuevo elemento étnico supondría el 4 o 5% de la población peninsular de esta época, estimada en cinco millones.
Los visigodos que llegan a nuestras tierras son gentes dedicadas fundamentalmente a la ganadería y a la agricultura. La clase dirigente se instala en ciudades como Toledo, Mérida o Barcelona.
En Sebúlcor existe una necrópolis visigoda en la aldea abandonada  de San Miguel de Neguera de la cual D. Antonio Molinero Pérez, pionero de la arqueología segoviana, escribe lo siguiente:

«En la jurisdicción de dicha aldea, a unos 800 metros en línea recta al sur del pequeño núcleo de población, cerca de la Presa del Barrio, a la derecha del rió San Juan y a pocos metros del mismo, en el fondo del valle por el que discurre, y próximo al vértice que forma dicho río con la mojonera que desde el río y dirigiéndose hacia el este y luego al noroeste, separa los términos de Sebúlcor y Villar de Sobrepeña, existe una tierra de labor (...) en la que, arando (...), aparecieron piedras que tapaban algún esqueleto, cuentas de collar, alguna hebilla de bronce y algún anillo, hace años, sin que a los enterramientos ni a los hallazgos se les diese entonces la menor importancia».

Esta noticia se la comunica a Molinero Don Gregorio Fisac, Inspector Municipal Veterinario de Segovia. Veinte días más tarde recibe una carta del Doctor Salvador Heredero, Médico de Asistencia Pública Domiciliaria de Sebúlcor, quien le comunica que «habían aparecido -en aquel término municipal– restos abundantes de esqueletos humanos, sepulturas enfosadas, restos de alhajas –pendientes, pulseras, anillos, etc.- que hacen sospechar que los hallazgos bien pudieran ser en gran cantidad».


A través de Don Salvador recibió Molinero los siguientes materiales: «dos fíbulas laminiformes de arco, de cobre, plateadas, grandes (unos 215 milímetros de longitud total y 76 milímetros de anchura máxima la placa del resorte), rota la placa del sujetador de una de ellas, de bordes casi paralelos, con palmetas claveteadas, decoradas con siete grupos, cada una, de tres líneas incisas, o radios, cada uno de los grupos; un pendiente roto, e incompleto, de bronce, con glande de bronce macizo de forma cúbica decorado con un círculo y un punto inciso en cada una de las cuatro caras laterales, truncados los ocho vértices; un brazalete de bronce, abierto, de sección sensiblemente circular, decorado con incisiones en los extremos, y otros tres fragmentos de un brazalete similar, también de bronce con incisiones en los extremos y sección un tanto aplanada; un trozo de hierro; una vasija de barro, incompleta, de fractura reciente, a torno, barro negro, tosco, con gruesos granos de  cuarzo, de 82 milímetros de altura por 78 de diámetro,  aproximadamente, en la boca, 92 milímetros en la parte mas ancha de la panza y 44 milímetros en la base; y un fragmento de mandíbula inferior humana». Y añade Antonio Molinero: «Ante estos objetos confirmé mi suposición de que se trataba de una necrópolis visigoda, y me hice el propósito de visitar lo antes posible el lugar de los hallazgos (...)».
En esta visita, realizada días más tarde, establece, lo primero, los límites de la finca que «linda al norte y al oeste con tierras de los señores de Cossío (por las que, probablemente, se prolongará la necrópolis), y al sur y al este, con lastras del término del Villar de Sobrepeña; al norte también, el barranco de la presa, y al norte y al oeste de la finca, dos enebros, en sus linderos permiten orientarse desde lejos».
Molinero encontró restos de siete sepulturas y noticias de tres más: «Las sepulturas se encontraban a escasa profundidad, en la parte más alta de una pequeña prominencia que hace la finca, y alguna mayor profundidad más hacia el río, como consecuencia de los corrimientos de tierra originados por las lluvias orientadas con la cabeza hacia poniente y los pies hacia saliente, viéndose todavía muchos restos humanos esparcidos por el suelo». La vasija de barro apareció en la sepultura a la que Molinero asigno el número 2, en la que se encontraron, además,  «algunos huesos». Los brazaletes, las fíbulas, el pendiente y el trozo de hierro aparecieron en la tumba número 8. Acabada la visita, se ordena la explanación de los hoyos para dejar «la finca como estaba y sin volver a cavar en ella».



El Madoz

Se conoce como "El Madoz" al diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar de 16 volúmenes y publicado entre 1845-1850 por uno de los pioneros de la estadística en España el político español Pascual Madoz (1806-1870).

SEBURCOL: lugar que desde 1º de enero de 1.848 se le ha unido para formar ayuntamiento el pueblo de San Miguel de Neguera (1/2 leg.), en la provincia y diócesis de Segovia (8), partido judicial de Sepúlveda (2), audiencia territorial de Madrid (22), c. g. de Castilla la Nueva. SIT. en terreno llano y sobre el camino que de Sepúlveda va a Cantalejo; le combaten todos los vientos; su CLIMA es húmedo y frío y sus enfermedades mas comunes tercianas ( forma de paludismo en la cual el ataque se repite cada tres días; en realidad el intervalo es de cuarenta y ocho horas ); tiene 50 CASAS, la del ayuntamiento, escuela de primeras letras común a ambos sexos dotada con 14 fanegas de trigo, algunos pozos con medianas aguas, y una iglesia parroquial (Santa María Magdalena), curato de de segundo ascenso y provisión  real y ordinaria;


el cementerio esta en parage que no ofende la salud pública, y los vecinos se surten de aguas para sus usos de las de una fuente que hay a 200 pasos de la población; el TÉRM. confina N. comunes de villa y tierra de Sepúlveda; E. Aldionsancho; S. Cantalejo; O. Fuenterrebollo: se estiende 1/2 legua de Norte a Sur y 3/4 de Este a Oeste y comprende un barrio titulado San Miguel de Neguera, un despoblado que se dice Casa-blanca, un monte pinar negral con algunos enebros, que sirve para combustible y otros usos, y una pradera bastante grande, llamada La Nava, con buenos pastos, le atraviesa un pequeño arroyo que se forma de varios manantiales y desemboca en el río Duratovo; el TERRENO es de mediana calidad; CAMINOS : los que dirigen a los pueblos limítrofes, en buen estado aunque algo arenosos; el CORREO se recibe en la cabeza del partido por los que van al mercado; PROD. trigo, cebada, centeno, garbanzos, algarrobas, cáñamo, pastos y leñas; mantiene ganado lanar churro, vacuno y asnal; y cría caza de liebres y perdices; IND. la agrícola, dos molinos harineros y tres tejedores, dedicándose algunos vecinos a serrar maderas, de las que hacen trillos, arcas, puertas y otras cosas todas bastante toscas; POBL. 58 vecinos, 221 almas; CAP.  IMP. 43.196 reales; CONT. 20'75 por 100.

Ha sido trascrito tal y como aparece en el libro.




En la creación del apartado "HISTORIA" se han utilizado los libros: "INTRODUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA EN EL CAÑÓN DEL DURATÓN" de Diego Conte Bragado e Ignacio Fernández Bernaldo de Quirós; "DICCIONARIO GEOGRÁFICO-ESTADÍSTICO-HISTÓRICO DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR" (1845-1850) de Pascual Madoz. Para cualquier problema con el copyright mándame un e-mail.

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